miércoles, octubre 24, 2007

poema en una fría mañana


Los colibríes usan más sus flacas patas
Que sus delgadas alas en revoluciones dopaminadas,
El viento escurre las flores por el asfalto
Y sus mieles van olvidando su dulzura.

Me cuelgo en el cuello mis antecedentes
Que brillan a la luz azul del sol en mi presente,
Cuatro tazas de café y él estomago me arde;
En mis ojos apagados los aguijones dejan su veneno.

Algo así como sentir sintiendo;
Me asomo a los libros que en sus títulos me están mintiendo,

... Y ¿ahora que hago?: nada por el momento
Tal ves mi testamento: perdona si no te dejo nada, pues eso es lo único que tengo desde que te has marchado.

Insectos de colores en mi comida de pollo con alas,
Que se escapan por la ventana atrincherada,
Antes que mi pequeña cuchara la atosigara;
¿Otra cosa?-no gracias- comeré solo esa manzana mordisqueada.

No me obligues a torturar al corazón,
Al gato de la azotea prefiero cortarle los bigotes,
De una brocha saldrá el color de tu sombra
Que he encontrado en la cerradura de la derrota.

Necesito salir más de una hora:
A que me queme el sol y la lluvia me moje
La terca formula matemática de la soledad,
Que crece, crece, crece y crece sin terminar.

Las canciones que se cantan inaudibles
En mi voz se rompen ¡no aguantan el tono!
De incomprendidos sueños, que sueño, como el sueño
Que finge dormir, cuando sueña lo que no duermo.

¿Cómo acabo… Sin acabar… lo que no empecé?
Llorando como mojada por lágrimas
Que mojan lo que seco estaba, cuando lo seco se secaba,
De una enfermedad que como enfermedad enfermaba,
Y que no pude aguantar, por que no aguantaste lo que aguante,
Y despavorido te vas sobre el agua,

Quien que no se hizo para nadar,
Se queda turbio como el frío,
Que como el frío, es tu silencio;
que el ruido en mi... lo cobijo, en tan descompuesto aposento.

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