En el culo del mundo
...La tarde de ayer miraba a un raro insecto que trataba de confundirse con las hierbas de unas macetas que al mismo tiempo trataban de dar armonía a un hogar que cumplía con la función social/natural de una familia......... o algo así como lo que explica Darwin dentro del evolucionismo “el más fuerte es el que continuará el ciclo de la vida y el otro simplemente terminará por extinguirse”.
Dentro de la escuela alemana de estudios antropológicos existen varios personajes que hacen analogía, con la selección natural y una cierta selección social, estos son los llamados neodarwinistas, el hombre compitiendo contra el hombre mismo, o mejor dicho: el hombre es el lobo del hombre... hipótesis solamente... ¿será?.
Pues para poder intrincar en terrenos de la mente y sobre todo de la unidad social tendríamos que haber pasado por varios estadíos de conciencia, si no de lo contrario alguno de los cinco dedos con los que señalemos nos estará señalando a nosotros mismos. Ruptura de enfoques a fin de cuentas, pura palabrería bien escogida para palabrear.
Estaba tratando de poner un poco de orden en mi habitación y entre muchas cosas sin relevancia, me encontré con un libro que una vez compre en una de esas tantas librerías de viejo de la calle de Donceles, en el Centro Histórico; allí los sábados hacen remates sobre remates y sacan los libros que no se venden o que están en mal estado. Esa vez (como muchas otras), yo iba con poco dinero. Recuerdo que primero me compré El Anticristo de F. Nietzsche , después vi en otro puesto una edición de bolsillo de el horror de Dunwich, de Lovecraft y la compré también y al final, bueno... solo me quedaba el dinero exacto para el pasaje de regreso a la casa, pero antes de irme pase a husmear en un lugar que me pareció interesante, era un localito como tantos otros de esa calle con estantes cubriéndolo todo por completo de pared a techo y repletos de miles de libros. En esa librería había muchos descuentos interesantes también.
Total que ahí entre husmeada y husmeada, que encuentro este libro que no sabes con cuantas ganas lo esperaba... no tanto por el libro en sí, si no por el autor. Es uno de Antonio Lobo Antunez, el libro que me hallé se llama “El orden natural de las cosas”. En el escribe una especie de monólogos de diez peculiares personajes. La trama se desarrollo en Portugal, en la época subsiguiente a su Independencia, cuando aún la sociedad estaba en decadencia y hace una mezcla de hechos históricos y la triste y cotidianidad de estos personajes.
El chiste, es que no sé porque pero cuando lo comenzaba a leer me transportaba a esos lugares que describe el autor... como si hubiera estado ahí. Ahora, en mis manos otra vez ese libro, me trae muy raros recuerdos de alguna vez que me fui a Guadalajara a visitar a mi abuela la que vive allá, pero antes había quedado de pasar con una amiga que en ese tiempo vivía en un pueblo ahí por Guanajuato del cual ahora he olvidado su nombre. La verdad quise ir porque en ese tiempo tenía muchos problemas con mis papás ..... ellos no sabían que yo iba a estar unos dos días con esta amiga y luego iba a irme a la casa de mi abuela. Total que cuando llegué a casa de mi amiga, me instalaron en una especie de recamarita improvisada que antes había sido como bodega de triques. En la tarde me invitó a dar un paseó por el pueblito y en la noche a una cantina con unos amigos suyos, ya al otro día en la tarde nos fuimos en el coche de su papá a la Central Camionera de Celaya que era la más próxima, para que yo tomará un autobús para Guadalajara.
Habíamos tomado unas cervezas en la comida y ella iba conduciendo a toda velocidad, mientras que yo llevaba en mis piernas un libro que un amigo me acababa de regalar, por lo que apenas lo iba a comenzar a leer y se veía muy interesante..... y es precisamente otro libro del mismo autor del libro que compre tiempo después en la calle de Donceles, aquel se titulaba “en el culo del mundo”...... El caso es que recuerdo muy bien como Lidya (mi amiga) al momento de rebasar un trailer, se movió peligrosamente al pasar, entonces al dar el coche una especie de “coleteo” la puerta de mi lado se abrió de repente, y mi libro salió disparado perdiéndose en la lejanía!!. Yo no dije nada, pero en esos momentos, al estar punto de salirme del auto a toda velocidad (y quien sabe que me hubiera pasado), sentí mis primeras ansias de vida y de muerte a la vez. Fue una sensación muy extraña, una especie de excitación... una descarga de adrenalina, casi como un orgasmo. Lidia con su mirada fija y su frente sudorosa intentaba tranquilizar la ironía de la vida con un poco de frialdad. Esa sensación jamás la he vuelto a sentir tan intensa como aquella vez... llegamos a la Central y después de despedirnos, me fui a abordar el autobús para irme a Guadalajara. Desde ese día no he sabido ya nada de Lidya, hace ya más de diez años... y no creo volverla a ver. Tampoco he podido reponer el libro que en aquella ocasión perdí.
Yo me sentí diferente desde aquel día, pero cuando llegué con mi abuela, todo igual que siempre... igual que cuando era niña y mis papás nos llevaban a mis hermanos y a mi a pasar las vacaciones de verano. Nada había cambiado de ese pequeño ranchito donde pasé muchos días felices de mi niñez, solo que un señor que vivía enfrente se había muerto. Llegué cuando lo estaban velando, fui a rezar un poco el rosario (...no sé ni porque, ya que no práctico la religión desde hace muchisimo tiempo) y después me fui a la casa a dormir un rato. Cuando entre al cuarto en que solía quedarme con mis hermanos y mis papás años atrás, no estaba como yo lo recordaba.. o sea sí, pero en esencia algo era diferente... o ahora que lo pienso, mas bien era yo quien había cambiado, pero al final de cuentas estuvo bien.
Total que en el pueblo donde mi amiga Lidya, había una biblioteca que creo que era de Jesuitas y estaba super llena de cosas interesantes, adornada toda barroca con madera de roble y las mesas olían a frío...... has olido el frío? Huele chido, pero da como miedo... da miedo a volverte como el color de esas mesas, un color como ocre tapizado de letras donde muchos se han perdido en sus laberintos. Lo menos que puedes hacer en esos casos es quedarte con algo de frío en tus dedos que empiezas a calentar con el ardor de la pluma y de una sonrisa vacía y sin muecas, pero chistosa... al fin y al cabo chistosa.
Entonces ahh...... bueno si, tenía el libro en mis manos cuando lo encontré en Donceles y lo espectacular de todo es que el dinero con el que contaba para el pasaje a la casa, era exactamente el equivalente al valor de aquel ejemplar que a pesar de estar en una librería de viejo, se encontraba en excelentes condiciones, así que no chisté ni un segundo y pague el intercambio... trueque que hacía una forma de comprar los recuerdos. Ya después con el sudor de mi frente y pies adoloridos pagué el tan valorado producto con tres largas horas de caminata hacía la casa y todo porque me moría de pena como para pedir prestadas unas monedas que jamás pagaría a algún desconocido transeúnte. Mientras el calor que el asfalto evaporaba me confundía... iba como huyendo, tal como ahora creo que voy por la vida... como si ahora estuviera huyendo de otra cosa, como cuando la pasada del destino te condena a decir que vas a algún lugar ... a algún lugar del que nunca saldrás, salvo lleno de cicatrices... pero también bellos momentos.
Qué es lo que tengo que decirte? O mejor dicho, qué es lo que he tratado de decir con todo esto?
Nada........
simplemente nada.
Dentro de la escuela alemana de estudios antropológicos existen varios personajes que hacen analogía, con la selección natural y una cierta selección social, estos son los llamados neodarwinistas, el hombre compitiendo contra el hombre mismo, o mejor dicho: el hombre es el lobo del hombre... hipótesis solamente... ¿será?.
Pues para poder intrincar en terrenos de la mente y sobre todo de la unidad social tendríamos que haber pasado por varios estadíos de conciencia, si no de lo contrario alguno de los cinco dedos con los que señalemos nos estará señalando a nosotros mismos. Ruptura de enfoques a fin de cuentas, pura palabrería bien escogida para palabrear.
Estaba tratando de poner un poco de orden en mi habitación y entre muchas cosas sin relevancia, me encontré con un libro que una vez compre en una de esas tantas librerías de viejo de la calle de Donceles, en el Centro Histórico; allí los sábados hacen remates sobre remates y sacan los libros que no se venden o que están en mal estado. Esa vez (como muchas otras), yo iba con poco dinero. Recuerdo que primero me compré El Anticristo de F. Nietzsche , después vi en otro puesto una edición de bolsillo de el horror de Dunwich, de Lovecraft y la compré también y al final, bueno... solo me quedaba el dinero exacto para el pasaje de regreso a la casa, pero antes de irme pase a husmear en un lugar que me pareció interesante, era un localito como tantos otros de esa calle con estantes cubriéndolo todo por completo de pared a techo y repletos de miles de libros. En esa librería había muchos descuentos interesantes también.
Total que ahí entre husmeada y husmeada, que encuentro este libro que no sabes con cuantas ganas lo esperaba... no tanto por el libro en sí, si no por el autor. Es uno de Antonio Lobo Antunez, el libro que me hallé se llama “El orden natural de las cosas”. En el escribe una especie de monólogos de diez peculiares personajes. La trama se desarrollo en Portugal, en la época subsiguiente a su Independencia, cuando aún la sociedad estaba en decadencia y hace una mezcla de hechos históricos y la triste y cotidianidad de estos personajes.
El chiste, es que no sé porque pero cuando lo comenzaba a leer me transportaba a esos lugares que describe el autor... como si hubiera estado ahí. Ahora, en mis manos otra vez ese libro, me trae muy raros recuerdos de alguna vez que me fui a Guadalajara a visitar a mi abuela la que vive allá, pero antes había quedado de pasar con una amiga que en ese tiempo vivía en un pueblo ahí por Guanajuato del cual ahora he olvidado su nombre. La verdad quise ir porque en ese tiempo tenía muchos problemas con mis papás ..... ellos no sabían que yo iba a estar unos dos días con esta amiga y luego iba a irme a la casa de mi abuela. Total que cuando llegué a casa de mi amiga, me instalaron en una especie de recamarita improvisada que antes había sido como bodega de triques. En la tarde me invitó a dar un paseó por el pueblito y en la noche a una cantina con unos amigos suyos, ya al otro día en la tarde nos fuimos en el coche de su papá a la Central Camionera de Celaya que era la más próxima, para que yo tomará un autobús para Guadalajara.
Habíamos tomado unas cervezas en la comida y ella iba conduciendo a toda velocidad, mientras que yo llevaba en mis piernas un libro que un amigo me acababa de regalar, por lo que apenas lo iba a comenzar a leer y se veía muy interesante..... y es precisamente otro libro del mismo autor del libro que compre tiempo después en la calle de Donceles, aquel se titulaba “en el culo del mundo”...... El caso es que recuerdo muy bien como Lidya (mi amiga) al momento de rebasar un trailer, se movió peligrosamente al pasar, entonces al dar el coche una especie de “coleteo” la puerta de mi lado se abrió de repente, y mi libro salió disparado perdiéndose en la lejanía!!. Yo no dije nada, pero en esos momentos, al estar punto de salirme del auto a toda velocidad (y quien sabe que me hubiera pasado), sentí mis primeras ansias de vida y de muerte a la vez. Fue una sensación muy extraña, una especie de excitación... una descarga de adrenalina, casi como un orgasmo. Lidia con su mirada fija y su frente sudorosa intentaba tranquilizar la ironía de la vida con un poco de frialdad. Esa sensación jamás la he vuelto a sentir tan intensa como aquella vez... llegamos a la Central y después de despedirnos, me fui a abordar el autobús para irme a Guadalajara. Desde ese día no he sabido ya nada de Lidya, hace ya más de diez años... y no creo volverla a ver. Tampoco he podido reponer el libro que en aquella ocasión perdí.
Yo me sentí diferente desde aquel día, pero cuando llegué con mi abuela, todo igual que siempre... igual que cuando era niña y mis papás nos llevaban a mis hermanos y a mi a pasar las vacaciones de verano. Nada había cambiado de ese pequeño ranchito donde pasé muchos días felices de mi niñez, solo que un señor que vivía enfrente se había muerto. Llegué cuando lo estaban velando, fui a rezar un poco el rosario (...no sé ni porque, ya que no práctico la religión desde hace muchisimo tiempo) y después me fui a la casa a dormir un rato. Cuando entre al cuarto en que solía quedarme con mis hermanos y mis papás años atrás, no estaba como yo lo recordaba.. o sea sí, pero en esencia algo era diferente... o ahora que lo pienso, mas bien era yo quien había cambiado, pero al final de cuentas estuvo bien.
Total que en el pueblo donde mi amiga Lidya, había una biblioteca que creo que era de Jesuitas y estaba super llena de cosas interesantes, adornada toda barroca con madera de roble y las mesas olían a frío...... has olido el frío? Huele chido, pero da como miedo... da miedo a volverte como el color de esas mesas, un color como ocre tapizado de letras donde muchos se han perdido en sus laberintos. Lo menos que puedes hacer en esos casos es quedarte con algo de frío en tus dedos que empiezas a calentar con el ardor de la pluma y de una sonrisa vacía y sin muecas, pero chistosa... al fin y al cabo chistosa.
Entonces ahh...... bueno si, tenía el libro en mis manos cuando lo encontré en Donceles y lo espectacular de todo es que el dinero con el que contaba para el pasaje a la casa, era exactamente el equivalente al valor de aquel ejemplar que a pesar de estar en una librería de viejo, se encontraba en excelentes condiciones, así que no chisté ni un segundo y pague el intercambio... trueque que hacía una forma de comprar los recuerdos. Ya después con el sudor de mi frente y pies adoloridos pagué el tan valorado producto con tres largas horas de caminata hacía la casa y todo porque me moría de pena como para pedir prestadas unas monedas que jamás pagaría a algún desconocido transeúnte. Mientras el calor que el asfalto evaporaba me confundía... iba como huyendo, tal como ahora creo que voy por la vida... como si ahora estuviera huyendo de otra cosa, como cuando la pasada del destino te condena a decir que vas a algún lugar ... a algún lugar del que nunca saldrás, salvo lleno de cicatrices... pero también bellos momentos.
Qué es lo que tengo que decirte? O mejor dicho, qué es lo que he tratado de decir con todo esto?
Nada........
simplemente nada.
Solo que tal vez ayer en esa tarde de lluvia, me hubiera gustado haber estado contigo, leyéndote "En el culo del mundo" y después darte un cálido beso, mientras vemos como el agua sigue haciendo surcos por la parte de afuera de mi ventana.
Y después atravesar juntos esa ventana........
cuando los surcos se haicieran en nuestras caras..............
Y después atravesar juntos esa ventana........
cuando los surcos se haicieran en nuestras caras..............
Etiquetas: recuerdos

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